1914

Emilia Pardo Bazán remite desde o Pazo de Meirás unha carta de queixa ao Concello de Sada polo deficiente funcionamento do servizo de correos.

Manuel Carlos Vidal Rodríguez

Neste ano pasa o primeiro verán, dos seis que pasaría ininterrumpidamente nas Torres de Meirás, Manuel Carlos Vidal Rodríguez. Era o capelán protexido da Condesa que edita en 1939 o libro “Las Torres de Meirás. Vida de trabajo de la Condesa de Pardo Bazán y el Caudillo. Fora redactado no ano 1938, cando a guerra civil daba os seus últimos coletazos. Este libro inedito describe a vida no Pazo. Transcribese a continuación o capitulo "El Almuerzo":
“A las dos de la tarde se daba el tercer toque, y a los pocos momentos estábamos sentados a la mesa, excepto la Condesa, que se retrasaba casi siempre unos minutos, porque media hora para vestirse y arreglarse una señora, aún con el auxilio de su doncella, era tiempo harto escaso, pero el almuerzo comenzaba reglamentariamente a las dos en punto.
Era éste suculento y explendido. Sopa o caldo gallego, cuatro o cinco platos selectos y variados, entremeses, postres de cocina, quesos y frutas. La principal novedad era que en aquella mesa principesca, apenas se bebía vino. Todos nos servíamos amplios vasos de agua, tan transparente y rica, que se consideraba como una de las regalías de la Granja. Sin embargo, todos teníamos a nuestra disposición un servicio de vino, que se utilizaba un poco con determinados platos; por cierto que la Condesa, cuando esto sucedía, tomaba el vino por una copa de licor, de cada vez un sorbito, que apenas pasaba de los labios.
La conversación era animadisima, manteniéndose siempre en un plano muy elevado. No se hablaba de politica, ni de personalismos. Se hablaba bastante de la Guerra Europea, que por aquellos años tanto apasionaba, siendo casi todos los comensales germanófilos entusiastas, incluso la Condesa, a pesar de la simpatía especial que le inspiraban todas las cosas francesas.
Se habla mucho de los intereses, bellezas naturales y costumbres de Galicia. Se hablaba con frecuencia de los viajes de estudio y recreo que habían hecho a varios paises de Europa, que la Condesa llevó a alguno de sus libros. Se hablaba también de temas varios, históricos, atísticos y literarios, especialmente nacionales. No faltaban, como es natural, los cuentillos chispeantes y las anécdotas oportunas.
Llevaban el peso de la conversación, además de las personas de competencia y respeto, que solían sentarse a la mesa, e General Cavalcanti y el Conde de la Torre de Cela, especialmente éste, que demostraba sorprendente cultura y facilidad de palabra. Las intervenciones de la Condesaeran mucho menos brillantes que cuando hablaba con su pluma, y con frecuencia se notaba en ella la fatiga mental, producida por la sesión de ocho horas de trabajo intenso y no interrumpido, que dedicaba todos los días a su labor literaria.
En cambio los breves y oportunos comentarios de Carmen (*), rebosantes de optimismo y alegría, eran muy felices, de modo particular tratandose de costumbres, tipos, chistes y modismos populares madrileños, que era una de sus amenas especialidades.
El almuerzo duraba una hora, hasta las tres. Entonces nos trasladabamos al cenador de piedra, llamado de las pasionarias, que estaba entre el Pazo y el prado, protegido por frondosos árboles y plantas trepadoras, que no dejaban filtrar el menor rayo de sol, y producían una frescura deliciosa. Allí se tomaba el café y proseguía la conversación de sobremesa.
Alrededor de las tres y media, llegaba el correo de Sada, que esperabamos con impaciencia. Carmen se complacía en hacer por su mano el reparto de las cartas a sus respectivos destinatarios, y a cada uno según sus gustos, de las revistas y periódicos, que se recibían en gran número de Madrid, de la región y del extranjero. Para el “ABC”, que casi todos leiamos, había establecido un turno.
Hecho el reparto comenzaba el desfiele, quienes paseándose a la sombra de la bóveda formada por las ramas entrelazadas de los grandes árboles, que hay a ambos lados del paseo central del parque, quienes sentados en los bancos rústicos, entre matas de hortensias, para leer la prensa o charlar.
La Condesa se quedaba en el cenador, leyendo la correspondencia y los periódicos hasta las cuatro y media.”
(*) Refirese a Carmen Quiroga y Pardo Bazán, filla de Dona Emilia.

No mes de outubro, a prensa local, coincidindo coa estancia no Pazo de Meirás do xa xeneral Cavalcanti, fillo politico de Emilia Pardo Bazán, publica notas de grandes eloxios.
O día 12 de novembro cumprese o segundo aniversario da morte do marido de Emilia Pardo Bazán, Jose Quiroga. Con dito motivo celebrase o dia 14 na capela do Pazo de Meirás un funeral. Na imaxe da esquerda pode verse a esquela publicada no diario ABC en novembro de 1914.

3 comentarios:

  1. La vida privilegiada de personas que no participaba de ninguna de las realidades de los terrenales

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  2. O nome do párraco era Manuel Vidal Rodríguez, sobra o "Carlos"

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    1. Non! está ben! Non sobra nada

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